EL SUEÑO DE SER ESCRITOR/A

images (8)Hace años, tantos que la mente se dispersa, comencé a escribir. En realidad, creo que escribo desde que aprendí a leer en el colegio y garabatear las primeras letras. Por entonces, yo no era dueña ni de mi vocación de mi interés por las palabras, a quienes ni siquiera prestaba atención.
Escribir era para mí un acto mecánico, como lo es respirar. Algo que nació conmigo, como parte de mi cuerpo, una extensión de mi cerebro. Quizás por eso que durante todos los años de Enseñanza Genera Básica, nunca fui consciente de que escribir era una forma de vida para mí. Tanto era así que suspendía todas las asignaturas, incluso lenguaje. No podía evitarlo. Mis dedos se iban al cuaderno y de forma autómata, escribía y no dejaba de escribir versos e historias inacabadas y llenas de faltas de ortografía.
Si alguien me hubiera leído es posible que hubiera descubierto mi voz escritora antes que yo misma. Pero yo no le enseñaba a nadie lo que escribía. Lo escribía y luego lo olvidaba. No era algo anormal para mí, puesto que era parte de mi rutina diaria, así comer y beber lo es para el resto del mundo.
Y fui creciendo, y no dejé de escribir. Entonces el cosquilleo de la palabra Escribir, Escritor, Escritora, Escritura comenzó a pellizcarme en el estómago, luego en la cabeza y descubrí que yo quería ser escritora.
Así fue como me negué en rotundo, con el consecuente disgusto de mis padres, a seguir estudiando Bachiller. Del mismo modo que alguien dijo: mamá, quiero ser artista y esa madre comenzó a preocuparse por su hija, mis padres intentaron convencerme que mejor opción era la enfermería o cualquier otra profesión homologada y certificada por alguna universidad.

Pero lo que yo quería aprender no lo enseñan las universidades. Nace de dentro, con uno mismo. Va creciendo y entonces, hay que alimentarlo. Empecé a estudiar lo que de verdad me iba a hacer escritora, lo que haría (e hizo) que pudiera ser mi profesión. Montones de diplomas se entremezclan ahora en uno de los armarios de mi estudio, junto con los suspensos de la EGB. Cultura Lingüística, Redacción y Arte de Escribir, Creación Literaria, Corrección Profesional, Dirección de Talleres Literarios y otros tantos que quedan por venir porque el escritor es un eterno aprendiz.

Luego la practica: escribir, escribir y escribir. Primero de manera mecánica, sin la calidad suficiente e incluso con algún error ortotipográfico. Dejando la mente en libertad, sin censura, para que fluya en pensamiento en estado puro, generador de ideas para futuros proyectos literarios.
Primero nacieron mis Palabras Rotas, mi primer libro publicado, y otros tantos poemarios que prefiero que aún sigan descansando en mi cajón de escritorio. Luego llegó Creación Escrita y Creatividad, mi segundo libro y luego llegó El Desván de las Letras, me espacio, me criatura, mi empresa, mi sueño hecho realidad y me involucré en el trabajo de otros, el desarrollo de ideas de cuantos llamaban a las puertas de El Desván. Muchos de esos alumnos, autores en ciernes, ya son parte de la base de datos del ISBN. Cumplieron sus sueños y publicaron, y son ESCRITORES y ESCRITORAS, así, con mayúsculas.

Ahora que El Desván de las Letras (www.eldesvandelasletras.com), ya tiene 12 añitos, me deja ratitos, ya no es necesario que le amamante, aunque siga reclamando su dosis diaria de palabras y autores que quieran compartir palabras. Ahora retomo la escritura con los proyectos que quiero compartir contigo, que me estás leyendo, y con tantos como quieran entrar en mi Desván, pues el Desván soy yo y yo estoy hecha de palabras.

Seguro que tú, que me estás leyendo, también tienes una historia que contar. Me gustaría leerte. 

¿Cuál es tu sueño?

Mercedes González Pérez

descarga (4)Editorial tradicional y autoedición 

Existen muchos mitos por parte del autor novel sobre el mercado editorial. Muchos piensan que basta con haber escrito un libro. La realidad es un tanto más complicada.

Primero, sí, has de escribir ese libro. Luego, has de revisarlo y pulirlo, ser sincero contigo y no darte por satisfecho hasta que de verdad no hayas sido capaz de vislumbrar y corregir errores y averiguar si tus palabras pueden llegar al corazón de los lectores. Piensa que incluso después de haber terminado con tu obra, vista su calidad literaria, no es suficiente para que un editor apueste por ello y lo financie. Si entendemos que en ese momento el editor hace el papel de inversor, comprenderemos que no puede apostar por toda obra que les llegue sin asegurarse al menos que podrá recuperar su inversión inicial. Por lo general, se necesita tener padrino para llegar la mesa de una gran editorial. No, no digo que sea imposible y tengas la suerte de que alguien lea tu manuscrito y le dé el visto bueno; pero es como echar un boleto y que nos toque el premio gordo.

No desanimo al intento de contactar con las editoriales tradicionales en una apuesta por nuestras creaciones literarias. Si lo vas a intentar, asegúrate primero de cómo funcionan las editoriales con las que vas a contactar. A veces, enviamos una novela a una editorial de ensayo, un poemario a otra que no publica poesía, etc. Estaremos perdiendo el tiempo. Busca un directorio de editoriales y selecciona aquellas en las que veas que encajas como autor. Infórmate de cómo quiere que le presentes tu manuscrito. Algunas lo quieren completo y en papel, otras; por correo electrónico. Las hay que prefieren una sinopsis y un perfil personal del escritor, etc. Luego, ármate de paciencia. Pueden pasar meses hasta que recibas una respuesta o puede que nunca la recibas. Una de las herramientas con las que ha de contar un escritor durante y después del proceso de escribir es la paciencia.

Quizás no sea mala idea autoeditarse. Hoy en día es más fácil gracias a la edición bajo demanda y la posibilidad de promoción que ofrece internet. Además, piensa que si te financian tu obra vendes tus derechos y ganarás aproximadamente un 10% de ventas por libro. Y eso de que puede que te adelanten miles de euros por la compra de tus derechos, puede resultar una utopía. No siempre es así… a no ser que te apellides, por ejemplo, Reverte…

Si contratas los servicios de una editorial para que edite y distribuya tu libro, tuyos serán tus derechos. Aquellos ejemplares que tú vendas por tu cuenta te aportarán el 100% de beneficios. Si quieres que la editorial te ayude en la distribución, tus ganancias por ejemplar vendido siempre serán mayores que con una editorial tradicional.

Pero si te decides por esta opción, también tendrás que conocer y valorar este mercado. Existen muchas editoriales que ofrecen este servicio y las tarifas pueden ser dispares, muy dispares. Además, algunas de estas empresas se limitarán a hacer tu libro y no te ayudarán con la distribución.

Autoeditarse no va a quitarte prestigio. Muchos autores consagrados se autoeditaron antes de llegar a ser financiados por editoriales tradicionales. Incluso algunos, han decidido dejar de vender sus derechos y optar por autoeditar sus obras, para no estar atados a unas condiciones marcadas por un contrato editorial.

Es una forma de abrirse camino, crearse un perfil profesional y darse a conocer. Una manera de llegar al lector y conseguir que alguna editorial quiera comprar tus derechos.

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Antes de empezar a escribir

Si eres escritor/a o aspiras a serlo, no solo deberás fortalecer tu estilo, aprender la técnica, desarrollar y potenciar tus capacidades. Conviene saber cómo funciona tu oficio: los concursos literarios, el mercado editorial. La distribución y venta de libros, los agentes literarios; un sinfín de posibilidades que has de conocer y aprender a manejar.

Desde este espacio, poco a poco, vamos a ir creando un fabuloso manual de consulta, para que estés al tanto de cómo se mueven las editoriales y todo lo antes nombrado para que no te derrumbes y te lleves decepciones, por en la mayoría de los casos estas penurias vienen dadas por el desconocimiento de nuestro oficio.

Primero: aprender a escribir.

Segundo: escribir, escribir, corregir, volver a escribir, revisar.

Tercero: no darse por satisfecho con el primer borrador. Trabajarlo y pulirlo conociendo al menos la base de la creación literaria.

Cuarto: como en todo oficio, el escritor/a debe aprender y estudiar las nociones teóricas para después, ponerlas en práctica con sus ideas.

Quinto: cuando ya se haya adquirido una mínima calidad literaria: comenzar a sacar a la luz las ideas y probar suerte con el mercado editorial, para lo cual antes hay que darse a conocer.

De todo esto y demás iremos hablando en este espacio que hemos creado para ayudarte a convertir tu afición en oficio.

images (9)CONSEJOS: ANTES DE EMPEZAR A ESCRIBIR

Calentamos motores y nos ponemos en marcha. Comienza nuestro viaje. Vamos a emprender camino hacia la Escritura. Revisemos nuestro equipaje para asegurarnos que estamos listos para empezar a escribir.

Adquirir un hábito.

Cada escritor requiere de unos hábitos y unas necesidades para establecer una rutina y un compromiso con la escritura. A algunos nos gusta escribir por la noche, otros prefieren las primeras horas de la mañana, con mente fresca y los sueños aún visibles en la memoria. Los hay que van rescatando los minutos que les sobra frente a la rutina diaria y quien se deja cazar por la inspiración, allí donde les encuentre.

Sea como sea, no podemos posponer nuestra tarea, como escritores que somos o que queremos ser, tendremos que renunciar a muchas cosas para priorizar nuestro estado de concentración y ponernos a escribir. Es posible que al adquirir el estado de éxtasis necesario para contar una historia, plasmar un poema o poner nuestras ideas sobre el papel, perdamos el sentido de la realidad y nos olvidemos incluso de comer, porque tendremos la sensación de que no han pasado tantas horas, que hace solo unos minutos que nos sentamos a escribir. Es un riesgo necesario si quieres ser escritor.

El escritor es esclavo de su oficio y lo disfruta. Se deja arrastrar por la necesidad que le produce escribir y se alimenta con ello. A veces, renuncia a salir con los amigos, a salir a pasear; incluso a evadirse frente a la televisión o perder el tiempo en cosas banales que no cubren su necesidad creativa. Solo aquel que sabe renunciar en momentos a ciertas cosas y adquiere un hábito, siendo constante en su trabajo, llegará a ser escritor. Porque si quieres ser escritor profesional, debes invertir gran parte de tu vida en escribir.

Cada escritor diseñará su propio plan de acción y creará pequeños rituales a seguir, que no siempre serán los mismos, o sí, según el momento en que estemos escribiendo, según las sensaciones, los sentimientos o las vivencias que se le estén sucediendo en los momentos de creación.

Algunos escritos necesitan volcar su creatividad escribiendo con lápiz y papel, otros prefieren una estilográfica. Los hay que recurren al ordenador. Aunque no lo parezca, es importante con qué objetos escribimos, porque a veces, un simple bolígrafo puede hacer que nuestras frases fluyan con mayor soltura o una pantalla de ordenador, que nos concentremos aún más en nuestra tarea. También los hay que buscan y rebuscan hasta encontrar un cuaderno que les inspire solo con verlo y quienes guardan hojas sueltas, servilletas de papel o cualquier trozo de un objeto que les sirva para escribir.

Crea tú mismo tu propio ritual y escribe.

DECALOGO:

  1. Reserva un espacio para la escritura. Un espacio de tiempo y lugar consagrados solamente a escribir. Defiéndelos como una conquista personal.
  2. Busca un lugar (una habitación, una mesa, una biblioteca, un café…) donde puedas escribir sin demasiadas interrupciones.
  3. Proponte esta tarea como una obligación, al igual que lo es ir a trabajar, por ejemplo.
  4. Busca aquellos materiales que te ayuden a proyectar el proceso creativo: un lápiz, una estilográfica, un cuaderno que llame tu atención, un ordenador.
  5. Abre tu mente y escucha esa voz interna. Escribe lo que te dicta, si darle importancia a la coherencia de los pensamientos que te cuenta. Es una forma de calentar motores.
  6. Déjate llevar. Pasea por las calles y observa, junto con tu cuaderno de notas, cada imagen que se sucede a tu alrededor, como si fueses el espectador de una película y escribe en tu bloc aquello que te llame la atención. Un rostro, una frase, un pájaro que pasa y nadie mira. Una sola palabra puede dar lugar al comienzo de una gran historia
  7. Dentro de la realidad, crea tu propia ficción.
  8. Dijo Picasso que la inspiración ha de pillarte trabajando. No esperes que ella recurra a ti. Ve tú en su búsqueda y escribe.
  9. No seas demasiado crítico contigo mismo, pero tampoco demasiado vanidoso. Una idea que ahora te parece fantástica, mañana puede parecerte inapropiada. Lo importante es escribir, escribir pese a todo; porque entre tantas frases escritas, habrá una de la que brote un destello y tú sabrás identificarla.
  10. Entrena tu creatividad, fortalece tu oficio. Aprende la técnica y descubre las herramientas de la escritura.

Un espacio donde escribir.

Cada escritor tendrá una idea de cómo sería su lugar ideal para escribir: una casa en el campo, cerca de una montaña. Un estudio, un lugar con grandes ventanas o incluso, en mitad de una ciudad estrepitosa. Lo importante es que sea como sea ese lugar, encuentres la forma de concentrarte sin ser interrumpido. Algunos escritores necesitan soledad y silencio, pero los hay que prefieren el murmullo de una conversación de fondo y los ruidosos espacios de una ciudad frenética.

Muchos escritores crearon sus borradores en cafés, algunos en parques, otros frente a enormes carreteras atestadas de tráfico. Otros se evadieron del mundo y se encerraron durante horas, alejados de mundanal ruido, de la televisión e incluso de sus conyugues e hijos. Esto último puede dar lugar a discusiones, pues tu familia podrá sentirse alejada e ignorada por ti y tú habrás de hacerles comprender que es tu oficio, que es una necesidad, que un escritor no es dueño de su vocación; sino esclavo de ese don que prevalece sobre todas las cosas que le rodean.

Decía la Marguerite Duras:

La soledad de la escritura es una soledad sin la que el escribir no se produce, o se fragmenta exangüe de buscar qué seguir escribiendo. Se desangra, el autor deja de reconocerlo. Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir. Nunca hablaba de eso a nadie. En aquel periodo de mi primera soledad ya había descubierto que lo que yo tenía que hacer era escribir. Raymond Queneau me lo había confirmado. El único principio de Raymond Queneau era éste: “Escribe, no hagas nada más.”

Si estás dispuesto a pagar el precio: ya has dado el primer paso que te convertirá en escritor o escritora.

El estado de inspiración es parecido al sueño. Entramos en una especie de éxtasis que nos embarga y nos arropa la mente. Intentamos plasmar esas imágenes que nos llegan al cerebro con palabras legibles, y les vamos dando forma hasta convertirlas en historias, poemas, ensayos.

La historia.

De todas las ideas que nos llegan, ¿cómo saber cuál es la acertada? Dicen algunos escritores, como García Márquez, que son las historias quienes les eligen a ellos. Lo saben, porque cuando les llega una idea, de pronto se les despiertan unas ganas intensas de desarrollar. Lo sabrás, porque cuando comiences a trabajar con tus ideas, algunas bloquearán tu mente y no serás capaz de trasladarla y otras, se escribirán como por sí misma. Las palabras fluirán libres por tu mente y te sorprenderás escribiendo un libro. Como si tus manos fuesen poseídas por la mente de algún ente creativo, que es tu voz literaria.

Una palabra, una conversación, un rostro, un olor, un color, las ideas nos llueven por todas partes, pero no todas son adecuadas para el escritor. Has de estar atento. Debes observar más allá de lo que los ojos pueden llegar a ver. De alguna manera, sabrás captar la esencia de una idea que puede parecer en cualquier lugar, a cualquier hora y situación.

No olvides tu cuaderno de notas. Llévalo siempre encima porque el escritor es escritor veinticuatro horas al día. Una idea te puede asaltar en cualquier momento y si no la anotas, puede desvanecerse en tan solo un instante. Ese cuaderno será tu vademécum para cuando el fantasma del bloqueo se instale sin permiso en tu mente creativa. Algunos escritores confiesan que se quedaron sin ideas hace tiempo, pero que gracias a su cuaderno de notas, les queda aún por escribir muchos libros.

¿Ficción o realidad?

Nada está inventado. Sobre todo se ha escrito, pero de tan diferente manera, que cada historia parece un nuevo descubrimiento. El escritor suele escribir sobre sus vivencias, o las vivencias de otros que le han contado o ha escuchado en alguna parte. Pero aunque su historia esté basada en hechos reales, el escritor crea una ficción y transforma esa vivencia en una nueva forma de vida. Nos muestra la realidad desde su punto de vista, la tergiversa, juega con ella y la adorna o le quita las vestiduras para mostrarla tal cual. Si intentara mostrar la realidad tal y como se nos presenta, perdería esencia y calidad literaria, porque el escritor no aportaría su creatividad, y la mente del lector, su propia imaginación, quedaría vetada.

Frente a la página en blanco.

Algunos hablan de la “temida página en blanco”. Pero nada mejor para un escritor que rodearse de páginas en blanco que él mismo se encargará de lucir más tarde con palabras.

No podemos estar toda la vida en un estado de inspiración. Cierto que no siempre lo que escribamos será válido para un libro, pero el escritor sí puede escribir siempre que lo desee y quitarle la pureza a la página en blanco. Puede por ejemplo escribir sobre su propio cataclismo, su falta de concentración en ese momento. Realizar ejercicios, hay muchos de ellos que son disparaderos para una mente creativa. De esa manera, no solo ejercitará su “músculo de la escritura”, sino que además de divertirse romperá con los miedos frente a la página en blanco.

No debes dejarte vencer por el miedo ante bloqueo. Puede que tarde en madurar una idea, que pases horas escribiendo sin producir un texto literario, pero no estarás perdiendo el tiempo, sino consolidando tu capacidad para con la escritura. Déjate llevar y escribe, ante todo y siempre: escribe.

El escritor ¿se nace o se hace?

Pregunta del millón. ¿Qué fue antes, la gallina o el huevo? ¿Se es escritor desde siempre o se aprende a ser escritor?

Se puede aprender a escribir y eso no significaría ser escritor. Se puede tener muchas faltas ortográficas y ser un gran escritor. Cela decía que era consciente de que escribía con muchas faltas, que para eso estaban los correctores.

En mi opinión: el escritor es escribir siempre y desde que nace, tarde lo que tarde en descubrir su vocación. A escribir se puede aprender, sí; pero la vocación se tiene o no se tiene. Para ello, una persona que quiera plantearse ser escritor así, de pronto; debe detenerse, pensar si ese pensamiento es espontáneo o de alguna manera, lo lleva alojado en su mente, escondido en algún lugar.

No se puede enseñar a ser escritor, pero se pueden enseñar las técnicas, los recursos, el oficio en sí. Al igual que el pintor que pinta de manera autodidacta, por muy buen pintor que sea debería saber cómo se le llaman a sus herramientas: sus pinceles, los lienzos, las técnicas, etc.

Las tertulias y los talleres literarios son una gran fuente de información e inspiración para escritores. Además, puede que escribas de manera autodidacta pero, ¿quién te lo revisa, quién puede ser objetivo con tus textos? Si te corriges a ti mismo, puedo que no logres esa subjetividad y que pienses que la idea está bien enfocada. Pero puede que estés equivocado y que el lector se pierda en alguna parte de tu historia. En los talleres aprendes a mirar desde otro punto de vista, a ser objetivo, a averiguar si estas empleando bien la técnica; porque te enseñan la teoría. Además, al compartirlo con tus compañeros o tu coordinador, puedes hacer una primera valoración de lo que le vas a transmitir al lector de un futuro, y si lo has hecho bien.

Ante todo, y resumiendo: para ser escritor hay que escribir, y escribir, escribir… escribir.

Mercedes González Pérez

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Un comentario sobre “EL SUEÑO DE SER ESCRITOR/A

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